La contaminación envenenó sus vecindarios de Denver. Estaba demasiada ocupada sobreviviendo para darse cuenta

🌟Read this article in English ~ Traducción por Jackie Ramirez
Esto es parte de Vivir en Denver, una serie sobre personas que navegan por la ciudad y sus desafíos.Nikie Wells mira desde su oficina en Commerce City hacia una vista panorámica de las Montañas Rocosas — y el smog.“Es hermoso”, dice. “Pero no lo es.”Camiones que consumen grandes cantidades de gasolina retumban en la autopista cercana. La refinería Suncor arroja contaminación al aire. En medio de todo eso, se están construyendo viviendas accesibles. Ella se preocupa por las personas que pronto vivirán allí.No quiere que sufran de asma, como ella y su hijo. No quiere que mueran de cáncer, como lo hizo recientemente su padre, un ex recolector de basura de Denver. Ella culpa los problemas de salud de su familia a las corporaciones que vierten toxinas ambientales en su comunidad.Durante la mayor parte de sus 44 años, ha vivido en vecindarios de clase trabajadora en el este de Denver y Aurora, comunidades históricamente afectadas por la contaminación y desatendidas por el gobierno.Demasiado a menudo, las personas están tan preocupadas por cubrir lo básico que ignoran los factores ambientales que los están matando, dice ella. Wells vivió esa experiencia.“Estaba en una burbuja de supervivencia”, dice.Ahora, ella está luchando participando en un proyecto de monitoreo de la calidad del aire, financiado por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y dirigido por ciudadanos, en colaboración con la Universidad de Harvard. Wells es la directora de justicia ambiental de la Fundación Black Parents United.“¿Cuándo se va a poner a la gente por encima de las ganancias?” se pregunta.Cuando era niña en los años 80, Wells se mudaba entre el este de Denver y Aurora.Wells estaba enfocada en sobrevivir.“Fue en pleno auge de la era del crack”, dice ella. “Los vecindarios negros y latinos fueron tomados por las drogas y el alcohol.”Ambos padres sufrieron de adicción, y ella se culpaba a sí misma, sintiéndose indeseable. Su padre eventualmente dejó las drogas, pero su madre todavía está “luchando contra demonios” debido a los traumas de su infancia, dice Wells.Los vecindarios de la infancia de Wells enfrentaron los mismos problemas. Drogas. Pobreza. Crimen. Y los factores ambientales que no siempre salen en las noticias de la televisión: suelo, agua y aire contaminados.Pero no tenía tiempo para preocuparse por esos grandes problemas. Su familia no siempre podía pagar el alquiler. Se vio involucrada en pandillas. Después de eso, luchó por mantenerse empleada.Nikie Wells, directora de justicia ambiental en la fundación Black Parents United, en su oficina en Commerce City el 18 de febrero de 2025. Credit: Kevin J. Beaty, DenveriteLa vida se volvía cada vez más inaccesible en Denver.Cuando era una mujer joven, se quedaba en los apartamentos de sus familiares, que estaban abarrotados. No podía pagar los alquileres que subían en vecindarios afectados por la rápida gentrificación. A los 20 años, quedó embarazada y empezó a trabajar en varios empleos. Pero aún así no podía pagar las cuentas sin ayuda.Vivió en vivienda pública y alimentó a su familia con cupones de alimentos.Se casó con un hombre que aceptó apoyarla, siempre y cuando dejara de trabajar. Se sintió atrapada en la relación de siete años y cayó en depresión.Eventualmente, Wells logró encontrar cuidado infantil accesible y, poco después, también solicitó trabajo en el mismo centro de cuidado infantil.Su esposo la llevó a la entrevista. En el camino, pelearon, y él la echó del auto. Ella lloró. Aunque obviamente llegaba tarde, caminó hasta la entrevista de todos modos.Cuando finalmente llegó, su futuro jefe estaba en el estacionamiento, listo para irse.“Necesito este trabajo”, dijo, llorando. “Tengo que cuidar a mis hijos.”Sabiendo que ella era una voluntaria confiable, la contrató en el acto. Trabajó en ese centro de cuidado infantil, entre otros empleos, durante los siguientes ocho años, y eventualmente dejó a su esposo.“Estoy más tiempo con estos niños que con mis propios hijos”, dice.Como madre soltera, ha trabajado constantemente: múltiples empleos, horas lejos de sus hijos. Cuidado infantil, niñera por su cuenta, tomando fotos, trabajando en Arby’s e incluso pintando caras.La contaminación del aire era lo último en lo que pensaba.Entonces, comenzaron los problemas de salud.A los cuatro años, a su hijo le diagnosticaron asma. Los médicos sospechaban que era por el aire contaminado. Los Institutos Nacionales de Salud han relacionado el asma con ciertos contaminantes del aire.A Wells le dio bronquitis, y no se le fue. Su respiración empeoró. Los médicos le diagnosticaron asma y le dieron un nebulizador y un inhalador de rescate con esteroides.Aunque trabajaba más de tiempo completo, no podía pagar el seguro por su cuenta. Medicaid cubrió los costos de los inhaladores tanto para ella como para su hijo.Claro, las corporaciones podrían estar vertiendo toxinas en su comunidad. Pero no tenía tiempo para pensar en eso. Solo necesitaba sobrevivir.En los últimos años, Wells se dio cuenta de que sus luchas no eran solo destino.Conoció a Lucy Molina, una organizadora del Black Parents United Fund. Wells le contó sobre los vecindarios en los que vivió, la adicción, el costo de vida, la contaminación con la que creció y las consecuencias de salud que enfrentaba.Eso es racismo ambiental, le dijo Molina.Molina explicó que los gobiernos municipales prácticamente abandonan los vecindarios de clase trabajadora. Las empresas vierten contaminación sobre las comunidades de color. Las escuelas hacen poco para garantizar que los niños tengan comidas saludables. La pobreza no es una inevitabilidad, sino el resultado de decisiones políticas.“No sabía que estas eran injusticias”, dice ella. “Estaba en modo de supervivencia.El área de Denver y Aurora ocupa el sexto lugar por cantidad de días con altos niveles de ozono entre 228 áreas metropolitanas, y el vigésimo lugar entre 223 áreas metropolitanas por contaminación de partículas en 24 horas, según la Asociación Americana del Pulmón. Vecindarios como Globeville, donde había vivido en ocasiones, habían sido clasificados como uno de los más contaminados del país.Las comunidades de color viven en los vecindarios más tóxicos de Denver, lo que refleja prácticas discriminatorias históricas como el redlining, según un artículo de un investigador de la Universidad de Colorado en Boulder publicado en la revista Environmental Science and Technology.“Una vez que lo escuchas, una vez que lo sientes”, dice Wells. “Una vez que lo pruebas, nunca puedes volver a la burbuja en la que vivías.”Dejó la educación infantil para empezar a trabajar en BPUF, una organización que hace trabajo de defensa para familias negras y latinas. Su nuevo trabajo pagaba mejor que enseñar a los niños, pero también fue justo lo suficiente como para que ya no calificara para Medicaid y otros beneficios.“Tengo 44 años, tengo dos inhaladores… Mis inhaladores cuestan $500 y $200 cada uno. Cada mes”, dice ella. “Soy asmática severa. No puedo ir a ningún lado sin inhaladores.”Aún así, ahorró lo suficiente para comprar una casa. Pero los únicos lugares que puede pagar están cerca de industrias pesadas, y no está lista para dar ese salto.“Están haciendo fracking justo en nuestra yarda de atrás”, dice sobre el vecindario en el que le gustaría vivir. Los vecinos en la zona que está considerando le dijeron que sufrían de hemorragias nasales, dolores de cabeza y cáncer. Un experto de la Escuela de Medicina de Yale dijo recientemente que, aunque la evidencia sobre el fracking “no es concluyente”, está relacionado con impactos en la salud infantil, incluyendo asma y cánceres.Por ahora, Wells sigue rentando en la ciudad: $2,596 al mes por una casa.Preocuparse no es suficiente.Wells y su equipo en BPUF creen que el aumento de la perforación de petróleo y gas cerca de Aurora está causando muchos de los problemas. A través de su proyecto planificado de monitoreo de la calidad del aire, esperan proporcionar más evidencia.La organización sin fines de lucro ha recibido una subvención federal de la Agencia de Protección Ambiental. Trabajando con investigadores de la Universidad de Harvard, planean pasar un año monitoreando metano, radiactividad y otra contaminación del aire que culpan al fracking, el transporte y otras industrias en el área metropolitana.Planean informar los datos en tiempo real en un sitio web público, clasificando la calidad del aire en una escala de peligroso a bueno.Con los datos, esperan educar a los residentes de Aurora y a los responsables de la formulación de políticas sobre los impactos de la contaminación corporativa y utilizar la información para mantenerse a salvo entre ellos.Seis meses después de recolectar los datos, los investigadores publicarán un informe sobre los posibles efectos de salud de los contaminantes, dónde se concentran y de dónde provienen. Esperan publicar el estudio en una revista revisada por pares.El estudio costará más de $380,000. Gran parte de ese monto será financiado por Harvard; el resto fue prometido por la EPA.Pero hubo un inconveniente.Semanas después del inicio de la administración del presidente Donald Trump, su grupo no había recibido el cheque de la EPA. Y la administración de Trump había estado recortando fondos para programas basados en la diversidad, la equidad y la inclusión.Rick Cohen, director de operaciones del Consejo Nacional de Organizaciones Sin Fines de Lucro, dice que miles de organizaciones sin fines de lucro financiadas por el gobierno federal están cerrando sus puertas, despidiendo empleados o están profundamente inseguras sobre lo que sucederá a continuación.Wells y BPUF estaban preocupados. ¿Recibiría una organización de familias negras enfocada en la justicia ambiental los fondos que se le habían prometido durante la era de Biden?La opinión de Cohen: Proyectos como el de BPUF están en peligro. El uso de palabras clave como “mujeres” o “diversidad” podría poner algunos proyectos financiados por el gobierno federal en la mira de una revisión. El sector sin fines de lucro, el tercer mayor empleador en el país, enfrenta una crisis económica que supera ampliamente las de la Gran Recesión y la pandemia de COVID-19, dice Cohen.Su organización forma parte de una demanda que intenta frenar las órdenes federales, y docenas de otros desafíos legales intentan detener la eliminación de contratos federales con organizaciones sin fines de lucro y otros.“Nos tiene despiertos por la noche en este momento, solo tratando de encontrar formas de hacer todo lo que podamos para ayudar a estos grupos a seguir haciendo lo que hacen todos los días”, dijo Cohen. “Todo lo que quieren hacer es ayudar a las personas en su comunidad. Quieren hacer del mundo un lugar mejor.”Después de dos semanas de ansiedad sobre si el financiamiento llegaría, Wells se enteró de que la EPA había liberado la subvención. El cheque fue emitido. El estudio seguirá adelante.Desde su oficina, Wells a menudo no puede ver el horizonte de la ciudad.Afuera, le cuesta respirar. Salir a caminar a veces es imposible.El tipo de investigación que BPUF está planeando es urgente. Para su familia. Para todos. Y los datos recolectados podrían combatir el mensaje que escucha de los funcionarios del gobierno y las corporaciones: No te preocupes. Estás a salvo.Las personas, dice, merecen la verdad sobre lo que hay en el aire. Y está agradecida de que su proyecto continuará.“Es una locura cómo la industria ha estado tan manipulada durante décadas”, dice ella.Pero las comunidades se están movilizando, dice. Organizaciones como BPUF continúan con su trabajo, incluso cuando la incertidumbre afecta a los investigadores ambientales, el sector sin fines de lucro y las agencias federales.“La gente tiene que recuperar este país, levantarse y luchar por el cambio”, dice Wells. “Porque vamos a seguir muriendo si no lo hacemos.”Esta artículo es de Denverite. Usada con permiso. Para más y para apoyar a la organización de noticias, visita denverite.com.The post La contaminación envenenó sus vecindarios de Denver. Estaba demasiada ocupada sobreviviendo para darse cuenta appeared first on Colorado Community Media.
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